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¿IGLESIA EMPRESARIA O PUEBLO DE DIOS?

¿IGLESIA EMPRESARIA O PUEBLO DE DIOS?

La Iglesia Católica ha realizado por muchos años una gran inversión ec...

¿IGLESIA EMPRESARIA O PUEBLO DE DIOS?

La Iglesia Católica ha realizado por muchos años una gran inversión económica en el campo de la educación. Esta prioridad parece redituarle mucho más en el ámbito financiero que a nivel pastoral. Las jerarquías eclesiales, con intención o sin ella, han creado un mito en relación a su oferta educativa, católica y valórica, y lo defienden aunque no tenga asidero real. Ello le da estatus y cierto poder, por la cantidad de alumnos que atiende, más que por el resultado. La formación en la fe cristiana que se da en la mayoría de los centros educacionales de la Iglesia o confesionales tiene resultados muy pobres: los colegios de la élite y las llamadas “universidades católicas” producen profesionales exitosos, pero con escasa visión de los valores fundamentales del cristianismo: ante las cuentas bancarias y los negocios empresariales se cae todo el andamiaje de las clases de religión, las misas por obligación de horario, los campamentos de formación en la fe.   

Si la Iglesia dice tener desde tiempos inmemoriales un servicio educativo en Chile, que es fuerte en cantidad y calidad, no se refleja en los hechos: otro país tendríamos, con otros hombres y mujeres impregnados de humanismo, más que de economicismo. Deberían ser un surtidor de líderes sociales, con visión de país más que de empresa. Deberían, incluso, ser fuente vocacional para atender las necesidades religiosas del pueblo.  

Según datos de CIPER las instituciones educativas ligadas a la Iglesia Católica recibieron en 2013, sólo en la Región Metropolitana, $109.673 millones en subvenciones. Ello la hace  el actor principal entre los sostenedores privados. Por este motivo muchos sentimos confusión cuando escuchamos a los obispos hablar de la reforma educativa ¿Quién nos está hablando? ¿Un pastor o un empresario? ¿Un evangelizador o el representante de los sostenedores de establecimientos educacionales? Hay un claro conflicto de intereses, que se debe despejar para que resuene la voz del Evangelio.

La posición de la Iglesia frente a los cambios que los movimientos sociales han impulsado en los últimos años, y que se empiezan a recoger parcialmente en proyectos de reforma, debe reconocer esta realidad. La Iglesia Católica debe separar aguas de su rol empresarial en las discusiones referidas a la educación. Su palabra debe ser netamente pastoral y evangélica, orientada al bien común de nuestra sociedad. Si la jerarquía eclesial es capaz de hacer esta distinción, seguramente podrá mantener y acrecentar su obra y depurar las motivaciones que le han llevado a intervenir en el ámbito educativo.

San Juan Bosco, fundador de la congregación Salesiana, a la que pertenece el Cardenal Ezzati, decía: “Para ejercer una influencia benéfica entre los niños, es indispensable participar de sus alegrías”. De la misma manera, para ejercer una influencia benéfica sobre la juventud, es necesario participar de sus esperanzas. Si la Iglesia se levanta como un muro ante los anhelos de toda una generación, se puede augurar que el futuro de la Iglesia será muy triste en nuestro país. 

Agustin Cabré Rufatt, 
Alvaro Ramis Olivo, 
Raúl Rosales Carreño
Editorial 
Revista Pastoral Popular Nº334 
(año 63. Abril a junio de 2014)

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