PISTAS PARA UN QUEHACER FRENTE A LA CRISIS
Ayer, a partir de estos días tristes y difíciles, en que el desastre nos ha mantenido en un estado de incredulidad desnudándonos como sociedad y mostrando nuestra fragilidad y carencias, quisimos reunirnos en el CEDM con un grupo de amigos/as de organizaciones e iglesias, para reflexionar de manera comunitaria sobre lo que hemos visto y vivido, que necesidades percibimos y nuestras intuiciones sobre lo que podamos hacer a futuro.
El encuentro junto con visibilizar nuestras subjetividades y diferencias, también evidenció nuestro deseo de comprometernos, de poder desde nuestra distancia hacernos parte en la emergencia y hacer conciencia y camino para las profundas transformaciones sociales que requerimos.
¿Qué tipo de sociedad queremos? ¿Cómo discernir? ¿Qué podemos hacer en conjunto? ¿Qué se nos ocurre? ¿Cómo vivimos? ¿Qué tipo de relaciones establecemos? ¿Qué pasa con las fuentes laborales? Frente al shock y su utilización con fines políticos, ¿Qué alternativas tenemos? ¿Por dónde comenzar? ¿Qué oportunidades hay para los/as jóvenes, los/as niños/as?, fueron algunas de las preguntas que nos planteamos.
Habiendo establecido que las múltiples necesidades se agrupan en el apoyo desde lo material, lo emocional, lo valórico, lo educativo y lo organizacional, acordamos efectuar un taller de acompañamiento espiritual en Concepción para personas que puedan replicarlo en sus comunidades y dejarlo abierto para otras localidades que estuviesen interesadas y así mismo, volver a juntarnos para seguir construyendo pistas que nos permitan en el mediano y largo plazo ser de utilidad.
Sin ningún orden de jerarquización, compartimos con ustedes algunas de las reflexiones que surgieron y que nos pueden seguir invitando a pensar…y actuar…
· La sensación de desnudez, de que el terremoto nos dejó a la intemperie, puesto que al desastre natural se suman las malditas circunstancias que nos ponen de cara frente al modelo social imperante que nos segrega, atomiza y nos deja a merced del mercado.
· Esta también puede ser una oportunidad magnífica, porque si no reaccionamos ahora cuando.
· Dolor por los episodios de aprovechamiento, lo que hemos perdido como ética en nuestra sociedad y que ya se había manifestado con la elección de un gobierno de derecha.
· El problema es más complejo que la falta de sensibilidad en el tema de los saqueos. Es necesario preguntarse por la configuración social y por el rol de las autoridades puesto que no en todos lados los hubo. También se han visto experiencias cooperativas para hacer frente al desastre.
· Se han dado “saqueos con plata”, acaparamiento injustificado en los sectores pudientes de la sociedad.
· Hay un involucramiento de personas jóvenes en los voluntariados y solidaridad internacional que nos deben animar.
· Los MCS no visibilizan lo suficiente las experiencias de solidaridad. Se hace necesario mostrar estos ejemplos, la bondad de las personas.
· En lo inmediato tenemos que dar apoyo, consuelo, recuperación anímica de las personas.
· El dar no puede ser mero asistencialismo que fomente la pasividad y el clientismo. Se necesita apoyar organizaciones y replantear nuestro concepto de solidaridad, para no ser parte de la victimización útil al control que surge de las alianzas entre las elites económicas y las jerarquías eclesiásticas.
· Tendríamos que pensar lo terrible y triste que es el que para mantener el orden tenemos que sacar a los militares a las calles; esto dice mucho de nosotros/as como sociedad. Y ante un próximo gobierno de derecha, de “unidad nacional” de “nuevo trato”, corremos el riesgo de fortalecer la dependencia de las fuerzas armadas, fortalecer la actitud mendicante establecida por las clases dominantes, y finalmente, que todo esto termine ahondando la pobreza ética. Todo esto no lo podemos aceptar desde nuestro ser cristianos/as.
· Tenemos que estar alertas frente a la doctrina de shock, para no inmovilizarnos frente al aprovechamiento ideológico de los grupos de poder.
· Reconocer que el terremoto nos pilló a todos/as mal parados, paralizados…reconocer nuestra fragilidad y nuestro acomodamiento al sistema.
· Hacer memoria de las experiencias pasadas en los terremotos del 71 o el 85, tan distintos a este. Llego la democracia y desapareció el tejido social. Desapareció la confianza en los/as otros/as. Nos falta mucho para ser lo que éramos como país.
· Lo que viene es un período prolongado de una situación extremadamente dura (fuentes de trabajo, viviendas, acceso al crédito, etc.) Los medios presentan esto de manera engañosa y aunque se diga lo contrario, el Estado no está en condiciones de asumir los costos económicos de la reconstrucción. Se impone tener una visión clara de lo pasado y lo que viene. No se puede reconstruir la sociedad chilena como era (accionar del Estado, economía, ciudadanía, etc.) y que en lo sustantivo es el proyecto impuesto desde 1973 a la fecha.
· La sociedad que se construyó nos acostumbró a que todo funcione, pero al estar compuesta por múltiples subsistemas que se interconectan y necesitan entre sí, se hace muy precaria puesto que al fallar cualquiera de ellos, se desmorona toda ella. Con el agravante de que somos completamente dependientes, lo que pone rápidamente en riesgo nuestra subsistencia.
· Esto también nos puede dar una clave para entender los saqueos efectuados de manera tan abrupta, puesto que las personas perciben que queda poca vida, que la sobrevivencia está en riesgo y la sensación de inseguridad en ese escenario de devastación es real.
· La tarea no es la reconstrucción sino la transformación de la civilización que hemos ido formando. El terremoto demuestra la no sustentabilidad de nuestro actual estilo de vida.
· Surge la necesidad de otras convivencias más auto valentes, horizontales, cooperativas.
· Desde nuestra identidad cristiana tenemos la necesidad de conversión, de instalar otras miradas, de generar otros relatos, de asumir nuestra vulnerabilidad y desde ahí fortalecernos con el trabajo en red.
· Tenemos que repensar nuestras imágenes de Dios y ver cuales se revelan en el terremoto. Así mismo tener el coraje de denunciar el uso malicioso de la religión y en el trabajo de taller usar la pedagogía de Jesús que es desde lo humano, inclusiva, respetuosa. Sabiendo que nosotros/as y nuestras organizaciones pueden ser cristianas, pero no lo son necesariamente las personas a quienes se quiere acompañar.
· Se nos han caído los templos que nos tenían secuestrados/as en una fe intramuros. Aprovechar este kairós para la unidad, para trabajar en conjunto.
Rosa Guerra, miembro de la junta directiva del CLAI
Israel Aravena, Iglesia Metodista Pentecostal
Marta Guerra, miembro del directorio del CEDM
Hugo Flores, Amerindia
Ute Seibert, Cons-pirando
Luis Razetto, Solidaridad, Habitat para la Humanidad
Verónica Salas, Taller TAC
Jorge Pavez,
Carla Cerpa, Colectivo Cons-pirando
Diego Irarrázaval,
Manuel Hidalgo, Amerindia
Víctor Rey, World Vision
Equipo del CEDM



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