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REVISTA PASTORAL POPULAR Nº324

Editorial Revista Pastoral Popular Nº324. Sin discriminación, una mejor sociedad

Resulta utópico pensar que nuestra convivencia en sociedad pueda caminar sin discriminar al prójimo por las más variadas y antojadizas causas. Sin embargo, precisamente porque la discriminación y la intolerancia están alojadas en el núcleo de nuestras culturas se vuelve necesaria una ley que al menos nos permita pensar sobre éstos hábitos discriminadores. Y ver cómo podemos enfrentarlos y transformarlos en actos y palabras acogedoras de toda diferencia y diversidad humana. Por esta razón pensamos que la aprobación por parte del Senado es un pequeño paso en el camino de construir una mejor sociedad. Veremos ahora cómo nos comportamos los distintos actores en esta construcción colectiva.

Por nuestra parte, la Revista Pastoral Popular, recoge la reflexión elaborada desde la perspectiva ecuménica fuertemente impactada por la reacción de sectores evangélicos fundamentalistas activos contra la ley anti-discriminación en trámite.

Además publicamos la postura que sostienen las dos Iglesias luteranas en Chile respecto a la proyectada Ley de Acuerdo de Vida en Común. Ambas publicaciones tienen en común el referirse, directamente la una, indirectamente la otra, a la Declaración emitida el 4 de octubre de 2011 por varias Iglesias cristianas, entre otras la Iglesia Católica, en contra de la mencionada Ley. Oponiéndose a esta Declaración, las publicaciones luteranas toman posición abiertamente en favor de la Ley de Acuerdo de Vida en Común. Y lo hacen por razones que se refieren fundamentalmente a la buena nueva de Jesús de Nazaret - el evangelio que él vivía y anunciaba.

En efecto, Jesús le quitaba el velo que opacaba el rostro de Dios, para revelarnos que su Padre - y también el nuestro - no era la figura soberana y castigadora de la religión oficial, sino la ternura misma de quien escucha el llanto y el gemido de su pueblo - ternura de madre por su crío.

A ese talante de Jesús y de su Dios se refiere el pastor Álvarez cuando habla del esfuerzo por elaborar "nuevos modelos de convivencia sustentados en el amor y la ternura". A lo mismo alude también el obispo Sander cuando escribe que Jesús "en lugar de dogmatismo practicó misericordia en y con la realidad y necesidad de las personas de carne y hueso".

Ambas voces luteranas se sitúan en el piso de nuestra vida cotidiana y asumen la complejidad y variedad de nuestro momento histórico. No vienen de lo alto de un púlpito o de una cátedra. Por ello son creíbles. También porque reflejan la diversidad de nuestras existencias provisorias. Y porque muestran, desde el evangelio, cómo puede irse asomando, en el horizonte de nuestra convivencia pública, la promesa de una vida más buena en el respeto mutuo.

PP.

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