El reciente discurso de Ban Ki-moon en la 71 Asamblea General de las Naciones Unidas no debe pasar inadvertido. Luego de 10 años de Secretario General de la ONU, el estadista surcoreano se despide de sus funciones  haciendo un balance de su gestión con un discurso sumamente realista, duro y desolador, aunque con signos de esperanza.

El mundo es un lugar terrible, muchos, muchos niños y jóvenes, viven en peligro día a día. La tierra nos ataca con océanos que se alzan, records de temperatura, tormentas extremas. La vida de la humanidad está en peligro.

En estos años los conflictos armados han crecido. Ban Ki-moon cita entre otros, los conflictos de Yemen, Irak, Afganistán, Ucrania. Corea del Norte y sobre todo la guerra de Siria, una guerra que no tiene solución militar. Aquí sus palabras se vuelven  duras: poderosos mecenas siguen alimentando la máquina de la guerra de Siria, tienen las manos machadas de sangre. Y se dirige a los representantes de gobiernos allí presentes para denunciar a los gobiernos que ignoran, facilitan, organizan y llevan a cabo las atrocidades infligidas  contra civiles sirios. Directamente menciona la crueldad del gobierno sirio.

Critica también a los líderes palestinos e israelíes por falta de avances para resolver el conflicto de Oriente Medio. Negar a los palestinos su libertad y su futuro es una locura, abandonar la idea de los dos Estados, está condenado a la perdición.

Ban Ki-moon constata también la brecha de confianza que separa a los ciudadanos de sus líderes, lo cual es aprovechado por los extremistas. Y critica a los dirigentes que cambian la Constitución para agarrarse al poder: los líderes han de prestar servicio al pueblo, no ir contra la democracia ni eliminar las críticas.

La Naciones Unidas no escapan de la crítica, hay que reformar la ONU para que la decisión de un país no detenga su maquinaria…

En medio de este panorama desolador hay señales de esperanza como la paz en Colombia o los juicios contra genocidas de Ruanda y la ex Yugoeslavia, los avances técnicos favorecen la comunicación…

El motor del cambio es el pueblo, el poder popular puede cambiar el mundo. Pero para el cambio se requiere reconocer los derechos humanos universales, cerrar las brecha entre ricos y pobres,  poner en práctica los acuerdos de París sobre el medio ambiente, fomentar un desarrollo inclusivo y sostenible (reducir la emisión de gases en un 50 %), promover los derechos de la mujer y empoderarla, responder a las crisis humanitarias, evitar discursos demagógicos contra refugiados y migrantes y no demonizar a los migrantes musulmanes, prevenir los conflictos…

Este audaz canto de cisne de Ban Ki-moon nos recuerda a los pronunciamientos de los profetas bíblicos o del mismo Jesús de Nazaret contra los que oprimen al pobre, los hipócritas, los abusivos…Las palabras del Secretario General sintonizan con expresiones del Papa Francisco contra la idolatría del dinero, contra un sistema que mata, contra elarmamentismo, contra el paradigma tecnocrático y en favor de los pobres, la paz y el cuidado de nuestra casacomún.

Ojalá estas palabras no caigan en el vacío, sino que susciten  en todos nosotros un deseo de cambio profundo de mentalidades, valores y actitudes para construir un mundo mejor, más conforme al proyecto de Dios.

Por: Víctor Codina sj
Amerindia en la Red